CARLINMORVAN

Pareciera que a no a todos los argentinos le convenció el discurso que ayer 1 de Abril (2008) pronunciara la presidenta Cristina Krischner con respecto a las protestas que se han dado en los último días sobre el conflicto del agro.

La presidenta resaltó, que "Pido a todos los argentinos un esfuerzo muy grande de tolerancia, porque siempre las pujas distributivas y los enfrentamientos con sectores generan violencia, violencia que he visto mucho más en los sectores de alto poder adquisitivo que en aquellos que no tenían trabajo".

Lo cierto, que el Diario la Nación de Buenos Aires en du editorial sobre este hecho se pronuncia:

En los tensos momentos actuales, es vital que tanto las autoridades nacionales como los sectores rurales en conflicto busquen caminos para encontrar coincidencias antes que profundizar diferencias. El discurso de la presidenta Cristina Kirchner pronunciado ayer en la Plaza de Mayo, lamentablemente, no pareció ir en esa dirección.

El mensaje presidencial pareció anclado en un pasado trágico del que la inmensa mayoría del pueblo argentino ha aprendido valiosas lecciones y que, como señaló la primera mandataria, definitivamente no volverá.

Todos los argentinos, en algunos casos con sus propias vidas, han pagado caro aquellos errores que llevaron a la inestabilidad institucional, a enfrentamientos armados entre compatriotas y a salidas ajenas a nuestra Constitución.

Recrear hoy ese pasado apelando a antinomias superadas y a divisiones en la sociedad, con el velado propósito de acumular poder, sólo generará el efecto contrario al buscado.

Al margen de que la prensa puede cometer errores en sus apreciaciones, debe considerarse, por lo menos, como desafortunada la afirmación de la jefa del Estado con la cual comparó los tanques de otras tristes épocas de nuestra historia con los "generales multimediáticos" de hoy "que han hecho lock out a la información, cambiando y tergiversando".

Insinuar que quienes no piensan como el Gobierno son golpistas, además de una falacia que roza la calumnia, constituye un temerario ataque a la libertad de expresión. Lamentablemente, no es la primera vez que el matrimonio presidencial, que tiene todo el derecho a disentir y a cuestionar públicamente al periodismo, recurre a aquel insostenible argumento.

Es esencial que la titular del Poder Ejecutivo y quienes la acompañan en el Gobierno abandonen de una vez por todas la nefasta teoría de que sólo puede construirse poder a partir de antagonismos o antinomias, como si gobernar fuera el arte de buscar permanentemente enemigos internos o externos.

Es innegable la legitimidad de origen de la Presidenta, apoyada en las urnas por el 45 por ciento de los ciudadanos que concurrieron a sufragar en los comicios de octubre último. Tanto como que más de la mitad de los ciudadanos no la votaron y no por ello le deben menos respeto, del mismo modo que las autoridades elegidas tienen el deber de oír sus demandas.

Se equivoca la jefa del Estado cuando señala que la protesta rural configura un ataque a su persona y, mucho más, cuando mezcla allí su condición de mujer. Con esos gestos, la primera mandataria no hace más que sembrar innecesariamente dudas sobre las verdaderas intenciones de un reclamo básicamente sectorial y sobre su propia autoridad. Una autoridad que no se reafirmará con mensajes ante una plaza ocupada mayormente por militantes y personas arreadas por aparatos políticos, sino respetando mecanismos institucionales que el actual Gobierno suele considerar como meros procedimientos burocráticos que obstaculizan la toma de decisiones y, por tanto, innecesarios.

Muchos de los dramáticos episodios de las últimas tres semanas podrían haberse evitado si el Poder Ejecutivo hubiera respetado los mecanismos contemplados en la Constitución nacional.

Muy distinto hubiera sido todo si, como se hace en toda democracia avanzada, la política tributaria que dio origen al presente conflicto se trataba en el Congreso de la Nación.

Muy distinto hubiera sido todo si, como lo estipula la reforma constitucional de 1994, votada entonces por la actual Presidenta en su carácter de convencional, las autoridades nacionales de hoy o las que las antecedieron hubiesen impulsado el tratamiento de una nueva ley de coparticipación federal.

Muy distinto hubiera sido todo si el Congreso no hubiese delegado tantas facultades legislativas en el Poder Ejecutivo, al contrariar la propia ley fundamental de la Nación para dar pie a cada vez más abusos en materia de políticas impositivas y de redistribución del presupuesto nacional por parte del poder central.

Muy distinto, en fin, hubiera sido todo si se respetara la forma representativa, republicana y federal que dispone nuestra Constitución.

Ningún acuerdo para el Bicentenario, como el que escuetamente mencionó ayer la Presidenta, puede obviar esas falencias ni dejar de lado que la responsabilidad de nuestros gobernantes pasa por unir y no por dividir más a la población.

Cristina Kirchner señaló que existe una lucha de intereses detrás de la protesta agropecuaria: "Puedo entender sus intereses, pero sepan que tengo que gobernar para los intereses de todos los argentinos. Algunos sectores insisten con las prácticas de siempre y se niegan a cambiar y a comprender".

Como parte de su argumentación contra la protesta del campo, la Presidenta sostuvo que sin un dólar alto el agro no tendría la rentabilidad que tiene. Comparó la situación con la del sector en Brasil, que cuenta con un dólar libre. También indicó que, sin las retenciones, "los argentinos verían la carne sólo por televisión".

Joaquí Morales en el Diario la nación escribe: Hubo debilidad en ese palco que sólo pudo mostrar a funcionarios, gobernadores y legisladores del oficialismo. Salvo las organizaciones de derechos humanos, todo el resto formó parte del universo kirchnerista. Es la ampulosa escenografía que le gusta a Cristina Kirchner. Hasta es inevitable cierta añoranza de los discursos solitarios de Néstor Kirchner, cuando decía sus diatribas en austeros palcos del interior del país. La actual ostentación suele jugar malas pasadas. Ayer las hubo cuando la televisión mostró juntos, invariablemente juntos, a Hugo Moyano, a Guillermo Moreno y a Ricardo Jaime convertidos en un equipo capaz de espantar a cualquier exponente de los sectores medios urbanos. Moreno actuaba de sí mismo y hacía el conocido gesto de cortar la cabeza de alguien. ¿De quién? No se sabe.

Un poco más allá estaba Luis D Elía, otra vez en el palco de los influyentes, otra vez entrando y saliendo de la Casa de Gobierno, como el día antes lo había hecho en el Congreso. El Gobierno no ha tomado nota del daño político que ya le han hecho esos personajes, o ha decidido pagarlo con tal de instalar cierto temor en los sectores antikirchneristas de la Capital. Hay que suponer que no se propone atemorizar a los productores agropecuarios con Moreno, Moyano y D Elía; en tal caso, estaría exhibiendo un profundo desconocimiento de las características y la fortaleza de los hombres de campo.

Sabemos que el matrimonio presidencial es analista empedernido de los diarios. Gasta buena parte de las mañanas en esa tarea. La Presidenta lo ratificó ayer cuando perdió tiempo y energía en criticar al periodismo en un discurso que merecía mejores causas.

Hubo párrafos más injustos todavía, como cuando señaló que los argentinos viven por primera vez bajo un gobierno que respeta los derechos humanos. Quizá haya expresado mal otra idea también injusta, que consiste en creer que éste es el primer gobierno que revisó la historia de la dictadura. Sea como fuere, los argentinos viven bajo gobiernos que respetan los derechos humanos desde 1983.

Algunas opiniones al respecto de lo sucedido son:

  • Qué podemos esperar de un gobierno que en medio de una jornada laboral, mientras millones de argentinos se dedicaban a levantar el país trabajando, dispongan un acto de apoyo a su soberbia !!! Qué podemos esperar del mismo gobierno que para "mostrar" que tiene "quorum" haya arengado a los beneficiarios de subsidios (léase planes o dádivas en dinero como ayer) que llenaron la Plaza de Mayo a la espera del cobro-según muchos de ellos manifestaron- enarbolando banderas y con gritos a favor de..."Siga...siga el baile" !!! O despertamos a tiempo o seremos otro de los países latinoamericanos que se derrumban ante una "dictadura pseudo democrática
  • La señora presidente considera que la vida organizada del país comienza con el arribo de ella al gobierno ?!Cómo nos puede hablar de 200 años de fracasos(al referirse al bicentenario) ? Está ofendiendo a nuestras máximas figuras,San Martín,Belgrano,Moreno,Sarmiento y tantos otros deben sentirse injustamente agraviados. Y los que aún vivimos,habiendo cursado gran parte ese período,qué hemos hecho? Indudable que impedir el progreso del país,según sus dichos.