CARLINMOR

Nuchas contraversias, polémica ha originado siempre el tema de los transplantes de organos, más que ello involucra, valores, moral, ética, servicio, salud, y muchas veces negocio.

En todo caso es una realidad que día se afronta en el mundo en sus distintos países que lo componen, en donde muchos se han favorecido del adelanto médico que ello ha originado.

Una de las grandes polémicas que se da en cuando se deben transplantar los organos cuando la persona esta vida, muerta o cuando se llega a lo que se ha denominado muerte cerebral.

Al respecto radiocristiandad.wordpress.com comenta, que es inmoral matar a una persona para tomar uno de sus órganos, a pesar de que, de todas maneras hubiera muerto en un muy corto período de tiempo. No está permitido matar para ayudar a otro individuo. Se dice, que sólo Dios tiene poder sobre la vida y la muerte.

El problema es que, cuando una persona muere y sus facultades cardíacas y respiratorias cesan de funcionar durante varios minutos, sus órganos pueden dañarse de tal manera que no sería factible utilizarlos en transplantes. Por eso, es primordial extraer los órganos lo antes posible.

El gran dilema se presenta en definir cuándo una persona está viva o muerta. Aquí entra en juego el concepto de muerte cerebral. La medicina considera que, al momento de comprobarse la muerte cerebral, tiene que considerársele muerto, sin importar que sus funciones cardíacas o respiratorias se mantengan artificialmente. Consecuentemente, se permite, dicen ellos, extraer los órganos de una persona que aún respira o que su corazón aún late, siempre que se encuentre cerebralmente muerto. Se ha creado un verdadero negocio, y un “cadáver viviente” de este tipo vale más de U$S 80.000 por sus órganos internos.

Esta práctica es asquerosamente inhumana y atenta contra Dios y el orden moral. Una persona muere cuando el alma abandona el cuerpo, y el momento preciso sólo lo sabe Dios, el Creador de la vida. Mientras respire, aun artificialmente, y mientras lata su corazón, tiene muchos signos de vida. Su cuerpo se mantiene en vida por la sangre que recorre su cuerpo. Todavía es un ser humano. Es cierto que si su cerebro está muerto, no volverá jamás a pensar, y no tendrá ni los reflejos y ni las reacciones que dependen de sus funciones cerebrales. Sin embargo, esto no significa que no esté vivo. Simplemente que hay un daño irreparable en sus actividades humanas. Además, existen algunos casos de personas que se recuperaron luego de la muerte cerebral. No le corresponde al hombre decidir que ya no es un ser humano o que no está vivo, y debe ser tratado como un ser viviente. Por esto, ningún órgano esencial puede ser extraído hasta después de un considerable tiempo sin actividad cardíaca o respiratoria.

China ha hecho de esta necesidad un fabuloso negocio que ha sido repudiado por muchos países, es sabido por ejemplo, que según Amnistía Internacional (AI) y algunas otras ONG, el Estado chino ejecuta cada año a 8.000 criminales. La cifra, para hacerse una idea, es 16 veces superior a la que acumulan el resto de países del mundo juntos, que suman en total 500 ejecuciones. "Hay una conexión entre pena de muerte y transplante de órganos. Se sabe que un 95 por ciento de éstos provienen de prisioneros. Esa práctica está extendida por todo el país", explica a elEconomista Mark Allison, investigador de Amnistía Internacional en Hong Kong.

Se dice, que "Grandes cantidades de dinero van a parar directamente a los hospitales, pero jueces y policías también están involucrados" en esta trama de comercio ilegal de órganos, asegura Allison.

El precio fluctúa en función de distintas variables: por ejemplo, de tener el guanxi (contacto) adecuado o no, de la disponibilidad de órganos en el momento en que se soliciten, de la urgencia de la operación o incluso del volumen del soborno. Es decir, de lo que se esté dispuesto a pagar por conseguir ese órgano.

eleconomista.es, relata un caso : "Pagué 200.000 yuanes (unos 20.000 euros, al cambio) por el hígado transplantado de mi marido", relata una mujer en el Hospital Zhong Shan. Otra mujer, de apariencia pobre, admite que pagó tres veces más por el mismo órgano. "Invertí todos mi ahorros y pedí dinero prestado a todos mis familiares y amigos", explica, describiendo el drama cotidiano por el que tiene que pasar el 80 por ciento de la población china, que no tienen seguro médico de ninguna clase. Según Amnistía Internacional, los transplantes "cuestan muchísimo dinero" en China, como consecuencia directa de la comercialización de la sanidad. Ahora, con el despegue económico, muchos más chinos pueden comprar un órgano y, por tanto, el negocio vive una especie de boom.

Se agrega que un hospital aseguró que estaba en capacidad de proporcionar un hígado por el precio de US$94.400, mientras que el jefe de cirujanos de ese centro asistencial confirmó que el donante podría ser un prisionero ejecutado. Los órganos suelen ser vendidos a extranjeros que necesitan algún transplante. El ministro de Salud de China no negó la práctica, pero aseguró que tanto el sistema como las leyes serían revisados. El periodista de la BBC, Rupert Wingfield-Hayes, visitó el Hospital Central Número 1 en Tianjin fingiendo que buscaba un hígado para su padre enfermo.
Funcionarios del lugar le informaron que en tres semanas podrían conseguir un órgano compatible. Agregaron que los prisioneros ofrecían realizar la donación como un “regalo para la sociedad”. Uno de ellos añadió que en este momento había un exceso de órganos por el aumento de las ejecuciones antes del Día Nacional que se celebra el 1º de octubre (fecha en la que Mao Zedong declaró la creación de la República Popular de China). Dudas

Octavi Pereña, sobre el tema opina, que otra cuestión ética que plantea el trasplante es el origen de órganos que se utilizan. Parece ser que en muchos casos los órganos de personas desaparecidas pasan a engrosar los bancos de órganos destinados a los trasplantes. En estos casos, mafias bien organizadas están en colaboración con una clase médica sin escrúpulos. La cosa se hace más grave cuando son los gobiernos que haciendo un mal uso del poder que tienen participan activamente en el negocio de los trasplantes. Esta práctica podrá ser legal, pero del todo inmoral.

La Sociedad Británica de Trasplantes denuncia que China extrae y trafica con los órganos de personas ejecutadas, práctica que la Sociedad considera “inaceptable e inmoral. En un comunicado afirma que hay “pruebas de mucho peso” de que los órganos con los que trafica China se extraen sin el consentimiento de las personas ejecutadas ni de sus familiares. La perversidad con que se hacen las extracciones se agrava aún más cuando los presos condenados a muerte se los selecciona como posibles “donantes” días antes de la ejecución, cosa que la Sociedad denuncia como una “violación de los derechos humanos”. Según la Sociedad Británica de Trasplantes, esta práctica que afecta a miles de presos chinos ha sido denunciada reiteradamente por asociaciones humanitarias. Genera un lucrativo turismo de trasplantes que lleva a China a los magnates que quieren comprar órganos.