INSTANTES COMPARTIDOS
Mientras todavía permanecemos transitando por esta dimensión, disfrutando la vida que se nos lega, aprovechando cada instante, compartiéndolo especialmente con aquellas personas afines, con las que hemos seleccionado como especiales sean dentro del rol de la amistad, o de pareja, debemos sentirnos felices.
Felices, porque hemos valorizado lo que representa cada instante de vida que es irrepetible, y cuando se manifiesta en el momento, hay que estar atento en sabérsele aprovechar al máximo.
Cuando nos hemos detenido a leer este escrito, ya habremos transcurrido un buen lapso del tiempo que se nos ha asignado, ya habremos disfrutado muchos instantes que lo compartimos, especialmente con la persona que hemos seleccionado como nuestra pareja, con la que hemos considerado disfrutar esta vida . Habremos aprendido que esos instantes pasan a transformarse en recuerdos, que dejaron aportaciones valiosas en nuestro crecimiento, aprendimos a valorar lo que significa vivir intensamente el tiempo que compartimos, a determinar sus alcance, repercusiones que nos han ayudado a crecer y determinar cuanto realmente hemos crecido como personas.
Aprendimos a considerar lo que significa el saber aprovechar el tiempo en su presente, lo que ello representa en compartir nuestra vida, en sacarle provecho a nuestra razón de vivir, a vislumbrar la importancia de identificar y saber aprovechar la oportunidad que se nos ha dado en manifestarnos en esta forma.
Y a habremos tomado conciencia de lo que representa cada minuto de nuestra vida y estar abierto a saberlos utilizar, más, cuando involucra afecto, emociones, sentimientos.
Si aprendimos el saber integrarnos en el instante justo y saber aprovechar estos momentos cuando se nos presentan en función de nuestra evolución, ya habremos hecho contacto con lo que representa la importancia de crecer y saber manejar todos esos instantes en que nos toca participar.
Lo cierto, que alejado del instante, ubicado en nuestra realidad, y quizás solos, en un momento de reflexión, habremos entendido lo importante que saber compartir y aprovechar el tiempo, puesto, que probamente eso no se vuelva a dar o simplemente, nuestro tiempo ha terminado, siguiendo la ley de que todo principio tiene su fin.
Una vez alejado del instante no podemos quedarnos anclados en el pasado, quejándonos de no haberlos sabido aprovechar, de haberlos vivido intensamente. Tuvimos la oportunidad, nos correspondió a cada uno, saberla aprovechar, obtener de ella ese crecimiento que tanto se necesita mientras permanecemos desempeñándonos todavía en este plano.
Probablemente, una vez que se terminó el instante se manifiestan como han escrito algunos, en que las que despedidas crean un vacío en el interior, porque el interior del hombre no es temporal, entonces hay que llevar ese amor temporal y frágil a uno más cierto, infinito, capaz de llenar el hueco que tiene el alma. Es necesario sublimar el amor-dolor que lleva ver partir a alguien. Es aprender a desprenderse sin dejar de amar a la persona. Que no se vaya la esencia, y viva ahí con recuerdos bellos que no duelan, sino que estimulen a revivir los instantes compartidos, hay que poner ese cariño en manos de aquel que es el amor, de aquel que ha vencido el dolor, el sufrimiento y la muerte.
El ser humano es un ser de trascendencia, de amor y felicidad, también es un ser social, necesita de los demás, por ello no quiere ni se conforma con instantes, con sólo momentos de alegría pasajera. Ni se contenta con amarse a sí mismo y vivir para sí. Se da, se derrama hacia afuera, comparte su ser con otros y esto lo hace feliz. Lo temporal no llena su ser, porque él anhela lo eterno, lo perenne.
En definitiva, hay que optimizar resultados favorables en esos momentos que se nos permite estar, compartir, disfrutarlos y se debe hacer en toda su intensidad para que el aprovechamiento del momento sea una apertura positiva en todo lo que nos ayuda a crecer y evaluar lo que significa el saber aprovechar la vida.

