CARLINMORVA

Hace años atrás salió a la luz pública un libro que originó seria polémicas dado a lo que encerraba en relación al lado secreto de como opera el Gobierno de los Estados Unidos y lo que ello propiciaba en función del orden mundial, el control las guerras, democracia, desorden económico.

Se ha escrito que hace casi 40 años, los periodistas norteamericanos David Wise y Thomas R. Ross escribieron un libro bajo el título El Gobierno Invisible, en el cual narran los pormenores de la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, operación especial organizada por la CIA y aprobada por los presidentes Eisenhower y Kennedy.

Es el primer libro importante que rompe el silencio sobre las actividades encubiertas de la CIA, escrito por periodistas (Wise y Ross), pero que ella responde con un folleto siniestro que contiene un largo estudio sobre la actuación de la KGB para desacreditar la CIA y cómo la agencia soviética reclutaba a los periodistas occidentales. El título de este folleto anónimo es "la campaña de difamación de los soviéticos y del bloque comunista" y fue distribuido dentro y fuera de los EEUU a los medios y a los congresistas.

En El Gobierno Invisible, los autores analizan críticamente el fracaso de la operación de Bahía de Cochinos no por su inmoralidad ni por la flagrante violación del Derecho Internacional, sino por los defectos y las fallas en su preparación y desarrollo.

Uno de los capítulos trata El caso de las viudas de Birmingham, donde cuentan con bastante detalle el misterio de la muerte de cuatro pilotos de la Guardia Nacional de Alabama, en la madrugada del 19 de abril de 1961, quienes integraron junto a otros pilotos de esa región un comando especial de la CIA. En esa narración, los autores ofrecen pormenores de la desesperada misión aérea de ese día y cómo se llevó a cabo el vuelo sobre las posiciones cubanas de cinco aviones bombarderos B-26 que despegaron desde el aeropuerto de Happy Valley, en Puerto Cabezas, costa atlántica de Nicaragua, enmascarados con las insignias de la Fuerza Aérea Cubana para confundir a las fuerzas cubanas y tomarlas desprevenidas, así como las decisiones adoptadas con el consentimiento del presidente Kennedy, para ofrecerles cobertura aérea desde los portaaviones norteamericanos anclados frente a las costas cubanas, lo que falló ante una descoordinación entre el Pentágono y la CIA

Apocatástasis.com nos aporta sobre ello, que el Gobierno Invisible tiene para el cumplimiento de su cometido un cuantioso presupuesto que alcanzó en 1963 a 4 mil millones de dólares, es decir, unas quince veces el presupuesto total de Chile en divisas. De esta fabulosa cantidad, el Gobierno Invisible no da cuenta siquiera al poderoso Congreso de la Unión; ninguno de los tres Poderes del Estado sabe a ciencia cierta en qué se gasta tanto dinero. El Gobierno Invisible adopta para sus operaciones las formas más caprichosas y controla empresas privadas de variada índole, que le calzan como anillo al dedo de sus necesidades. Empresas aéreas, tiendas, líneas de navegación, compañías de seguros, bancos o casas impresoras constituyen el complejo andamiaje que utiliza en diversas partes del mundo.

Todo se realiza conforme a planes ultrasecretos, a los que no tienen acceso ni siquiera los altos funcionarios del Estado. "Se da como un hecho cierto, que los embajadores norteamericanos actúan como los supremos representantes civiles del Presidente de los Estados Unidos - dicen los autores del libro -. Se les dice que tienen control sobre los agentes del Gobierno Invisible. Pero ¿lo ejercen ellos en realidad? La autoridad del embajador norteamericano ha sido considerada, por un comité del senado de los Estados Unidos, como una mera ficción de cortesía.

Generalmente se cree que el Gobierno Invisible está bajo el control directo del Consejo de Seguridad Nacional, que encabeza el Vicepresidente de la nación. En el hecho, muchas de sus más importantes decisiones ni siquiera son discutidas en este organismo. Un pequeño grupo, cuyo nombre sólo se murmura, es el que maneja y dispone de esta gran suma de poder. Muy pocos norteamericanos han oído hablar del "Grupo Especial", conocido también como Grupo 54/12. Sólo el círculo más íntimo del Gobierno Invisible tiene noción de sus actividades siempre calificadas de ultrasecretas.

¿Qué hay de cierto sobre todo ello? ¿Quiénes realmente lo integran? ¿Cuál ha sido su rol que demuestra su realidad? ¿Cómo ayudan a derrocar y a colocar gobiernos en algunos países?, son algunas preguntas que se manifiestan cuando se analiza lo que representa el Gobierno Invisible.

Wise y Ross en su obra indican que hasta ahora hay evidencias, que señalan su intervención en derrocamiento de a lo menos dos gobiernos extranjeros: el de Mossadegh, en Irán, en 1952, y el de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954. También fue el Gobierno Invisible quien planeó y montó la invasión de Cuba por Bahía Cochinos, para derrocar a Fidel Castro. Además financió y apoyó la sublevación del Dr. Sjafruddin Prawiranegara contra Sukarno, en Indonesia, en 1958. Intervino en Birmania e interviene en Vietnam. Organizó manifestaciones en Egipto. Mantiene transmisiones radiales a través de "Radio Europa" hacia los países comunistas de la Europa Oriental. Y ha realizado, por intermedio de sus diversas ramas, las más insólitas tareas en distintos países del mundo.

Se comenta además, que los profesores Wise y Ross indican que el Gobierno Invisible que lleva a cabo estas tareas está constituido fundamentalmente por seis organismos, que son los siguientes: el Bureau de Inteligencia e Investigaciones (BIR), el Bureau Federal de Investigaciones (FBI), la Comisión Nacional de Energía Atómica (AEC), la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Los tres primeros desarrollan una actividad relativamente reducida. Los tres últimos son los tres más poderosos, en términos de hombres que emplean, de dinero que disponen y de la influencia que ejercen. De ellos, la CIA resulta la más conocida y atacada en el extranjero, pero quizás la más poderosa e importante, y desde luego más ultrasecreto, es la NSA.

La NSA, entre cuyos empleados se da una cuota de suicidios y enfermedades mentales poco común, tiene misiones altamente complicadas, como la de descifrar los códigos y claves secretas de la Unión Soviética, China Comunista, otros países comunistas o neutrales y aún de los propios aliados de los Estados Unidos. Realiza investigaciones de criptoanálisis, computación y comunicación radial, y ha desarrollado equipos nuevos.

Se sabe, que investiga al personal de seguridad y aprueba la lealtad o integridad de los empleados. La materia prima para sus informaciones la obtiene por medio de 2 mil estaciones interceptoras instaladas alrededor del mundo, diseñadas para captar toda emanación electrónica y comunicación en el bloque comunista, tales como cuentas decrecientes para el lanzamiento de cohetes espaciales, sonidos indicadores de construcción industrial, órdenes militares para movimientos de tropa e instrucciones para la defensa aérea así como instalaciones de radar y escuadrones de combate. También colocó equipos especiales en los aviones U-2, que han volado sobre la URSS, sobre China Comunista y sobre Cuba. Igualmente, ha desarrollado en el plano interno de los EE.UU. lo que se llama "vigilancia auditiva", es decir, intercepción telefónica.

La CIA, por su parte, ha devenido en el organismo más bastamente conocido, odiado y temido del Gobierno Invisible. Equivale a su "cerebro pensante" y su corazón político. Creada en 1947, mediante el Acta de Seguridad Nacional, sus tareas y fines se reducían a una labor de asesoramiento de la NSA y de coordinación del trabajo de las demás ramas de Inteligencia. Poco a poco, sin embargo, la CIA adquirió nuevas funciones y tomó mayor independencia de la NSA, hasta llegar a su obra máxima: la invasión de Cuba, para la que movilizó a 1.400 hombres, aviones, artillería y barcos.

Pero ya en 1948 se había autorizado a la CIA para desarrollar "operaciones especiales". Wise y Ross indican que para estas operaciones habían dos normas: que las operaciones fueran secretas, pero que en la contingencia de ser descubiertas, resultaran fácilmente negables para el Gobierno